Vivimos tristemente en una sociedad que valora al niño en función de lo adelantado que pueda estar en su aprendizaje formal. Algunos padres y lamentablemente también algunos educadores desinformados, piensan que mientras antes comiencen el proceso de lectura y escritura, estarán mejor preparados para afrontar las circunstancias del aprendizaje superior e incluso de sus actividades laborales futuras; cuando en realidad, es un grave error. El niño de 2 a 7 años está en una etapa en que forma las bases y la maduración para que los procesos de aprendizaje de la lectura y escritura, y demás aprendizajes, se den con la madurez adecuada y sean significativos.

Es importantísimo respetar el ritmo natural de maduración de los niños. Así como hablar o caminar, requieren un cierto grado de maduración de músculos, huesos y nervios, leer y escribir requerirá cierta maduración del sistema nervioso y los órganos psicomotores y sensoriales necesarios. El niño menor de 7 años, está en un proceso de crecimiento y maduración de todo su ser. La energía que invierte en el proceso de madurar los órganos de su cuerpo es la misma que invertirá en los procesos de sistematización intelectual. Invertir su energía en aprender a leer y escribir antes de los 7 años puede conducir incluso a desfavorecer la maduración de su organismo y la subsecuente pérdida de la salud.

Piaget hace ya muchos años observó el desarrollo del intelecto del niño y ubicó a los niños de 2 a 7 años en la etapa preoperacional. En este período los niños van sentando las bases del conocimiento de la realidad pero aun no tienen la madurez neurobiológica para formular un pensamiento lógico, ni la capacidad de abstracción. Los niños preoperacionales actúan, necesitan moverse, no abstraer. El pensamiento de los niños menores de 7 años es secuencial, o sea, un acontecimiento sucede a otro sin enlazarlo con el anterior, no tienen, por tanto, la capacidad de seguir un hilo de comunicación construido a partir del pensamiento anterior. Por lo que aun cuando puedan codificar y decodificar, no tienen la madurez neurológica para comprender y disfrutar de una lectura formal. Pueden aprender a leer mecánicamente, sin que este proceso tenga para ellos un significado real.

No respetar el ritmo natural de maduración tiene repercusiones nocivas, y a futuro redundará en desmotivación, desinterés en la lectura y problemas para aprender. Para lograr la madurez adecuada del niño, y que su aprendizaje de lectura y escritura se dé de una manera fácil, la etapa preescolar, de los 4 a los 6 años, debe ocuparse en desarrollar una serie de habilidades tales como el dominio del esquema corporal, el equilibrio, el ritmo, la motricidad gruesa, la motricidad fina, la coordinación visomotora, la orientación espacial, la lateralidad, la conciencia fonológica y el lenguaje receptivo y expresivo, entre otras muchas. Todo esto por medio del movimiento, la actividad física, la música, el arte y el juego, pero nunca mecanizando procesos con planas y actividades monótonas que solo genera presión y desgaste.

La preprimaria construye los cimientos y el armazón para el resto del proceso de aprendizaje. Desarrolla la base para el buen funcionamiento de las funciones ejecutivas prefrontales tales como el control de impulsos, la concentración, la atención, la organización y la planificación entre otras, y apoya el desarrollo de habilidades emocionales como la autoestima y autoconfianza.

Como bien lo expresa Tamara Chubarovsky, comparando el aprendizaje con la construcción de una casa, no podemos pensar en poner los muebles antes de poner el techo, no es lógico. Si por querer colocar los muebles de la casa y habitarla rápido, aceleramos el proceso de construcción, corremos el riesgo que descuidemos pasos importantes y que más adelante, ya en la casa ocupada comience a haber filtraciones, grietas, humedad e incomodidad. Igualmente pasa al querer acelerar el proceso de aprendizaje saltándose etapas, posteriormente se presentan problemas tales como desatención, desinterés, dificultades de comprensión lectora, dificultades de procesamiento cognitivo, disgrafía, disortografía, y otros.

Por otra parte, ¡No corre prisa! El niño no necesita aprender a leer y escribir para jugar, y desarrollar las destrezas preparatorias del aprendizaje formal. Enseñarle a leer mientras no lo necesita, no le interesa y no es su momento, lo desmotiva, y no permite que aprenda de manera profunda y significativa, y lo más grave, enseñar a leer y a escribir con sus procesos de mecanización y sistematización, antes de tiempo le mata la curiosidad y creatividad.

Lic. Luis Francisco Sandoval Cortés
Psicólogo especializado en Neurodesarrollo
Director de Apoyos Educativos.